Una nueva convivencia ciudadana

Al pensar en un proceso para generar una nueva constitución, es necesario reflexionar sobre cuál es el resultado que queremos. Si lo que deseamos es una constitución que impulse cambios en la convivencia ciudadana, con un sistema distinto que promueva el bien común, la colaboración, la libertad, el ejercicio de derechos y deberes personales por y para todas y todos, la democracia participativa, entonces debemos pensar en un proceso distinto a lo que ya hemos realizado antes.

¿Cuál puede ser el resultado de un proceso que parte por un plebiscito al que ya se invita a participar desde trincheras, desde el bien y el mal, desde el temor y la desconfianza? Si hacemos algo de futurología, siguiendo con la misma lógica, tendremos que elegir a los constituyentes con una nueva votación llena de propaganda basada en que “yo soy bueno” y “él/ella es malo”, que “yo sé lo que Chile requiere”, o peor, “él quiere algo para Chile que es muy malo”.

Podría también ser que no tengamos que elegir constituyentes y sigamos con la constitución actual, la que se tendría que modificar sobre la base de los mismos modelos actuales, en que se ha hecho hasta ahora, es decir, más de lo mismo. Hoy nos gobierna la desconfianza y así, desde la constitución, pasando por leyes y decretos, se ha construido bajo la idea de otorgar libertades para después restringirlas a partir de la consideración de que los ciudadanos somos tramposos y delincuentes en potencia.

Por qué no atreverse a pensar un resultado distinto, donde partimos desde la consideración de que todos somos iguales, como personas que quieren vivir en comunidad, generando colaboración mutua para el progreso de la sociedad completa. Desde allí, luego, focalizar el esfuerzo en los incentivos para que ello ocurra y generar las precauciones para que el sistema se pueda proteger de quienes estén en su contra.

Para lograr lo anterior necesitamos construir confianza y creer en las personas, lo que en este momento parece estar muy lejos. Entonces, es necesario generar un proceso de diálogos ciudadanos, espacios de encuentro entre diferentes, pensando juntos el Chile que quisiéramos y cómo haremos para llegar a ese resultado. Esta es la verdadera campaña para llegar al plebiscito de abril 2020 con la mente más clara y despejada de tanta guerra de trincheras.

Es la misma que deberíamos desarrollar hasta octubre para que quienes sean elegidos, tengan la inspiración de una ciudadanía que dialogó con confianza, con igualdad, con respeto, con amor por nuestro país, y les entregue a los constituyentes los insumos necesarios, creando el ambiente propicio para la discusión de una Constitución que sea inspiradora, que aliente nuestro sueño común como chilenos.

Ignacio Cruz, director Symnetics y Empresas Conscientes

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