Viviendo un entorno “VUCA”

Hoy más que nunca se confirma el entorno VUCA que vivimos. Aunque muchos “la veían venir”, nadie pensó que esta explosión social de demandas vendrían de manera tan rápida y profunda. Pero si hay algo en lo que todos los chilenos podemos estar totalmente de acuerdo, es que el último mes ha sido turbulento y  no cabe duda que nuestro entorno social cambió y que nos afectará a todos en el corto y largo plazo.

Se nos plantea un futuro que para algunos es esperanzador y para otros es definitivamente negro. Lo cierto es que ninguno sabe en qué estará nuestro país (y cada uno de nosotros) en 1, 2 o 6 meses más. Esta incertidumbre atemoriza y hasta nos paraliza. Nuestro estado de ánimo toma distintas formas y casi siempre es negativo. Algunos sienten descontento, otros incertidumbre, temor, estrés, esperanza; mientras que otros creen que, en estos momentos, no sabemos hacia dónde vamos. 

Estamos viviendo una alta incertidumbre en el entorno, incapaces de poder predecir cuáles serán las acciones y decisiones a tomar. En estos tiempos, tan solo un discurso o un acuerdo puede generar amplias consecuencias. Basta solo con mirar lo sucedido el último trimestre del 2019, por ejemplo el dólar en menos de una semana llegó a su peak histórico sobre los $800 o también las consecuencias del acuerdo parlamentario por una nueva constitución, que llevó a que el IPSA se disparara casi 5%, en una de las mejores jornadas en más de una década. Hoy los cambios se están desarrollando a velocidades impensadas…

Afrontamos también una alta complejidad, la interrelación de impulsores sociales, económicos, ambientales, políticos y tecnológicos está generando patrones emergentes que crean nuevos desafíos. Sin duda, todo se ha tornado ambiguo, puesto que sigue siendo muy complejo comprender la relación entre cada elemento que está presente en este nuevo escenario, que para muchos es completamente nuevo.

Hoy más que nunca queda confirmado que estamos frente a un “entorno VUCA” (volátil, incierto, complejo y ambiguo).

Pese a ello, la historia ha demostrado que después de cada crisis, siempre hay ganadores y perdedores. Y si bien no hay recetas para estar dentro de los “ganadores”, mantener un actitud de exploración al entorno podría ser una pista que nos ayude a vislumbrar oportunidades. Indagar más que solucionar nos abrirá un mundo de mayores posibilidades.

Esta actitud cobra especial relevancia si nos situamos un poco más allá de nuestra contingencia y vemos que la crisis social actual no es lo único que nos amenaza. Recordemos que venimos año tras año enfrentando sequías cada vez mayores, por lo que un desastre ambiental no es descartable o que en algún momento se nos acabe el cobre o el grafeno pase a ser económicamente viable reemplazando su uso.  Y así, podemos mirar disrupciones tecnológicas, políticas, medio ambientales o económicas de tal magnitud que sean tanto o más grandes que la actual crisis social que enfrentamos.

 

Dos preguntas se desprenden de este análisis:

  1. ¿Qué vamos a hacer? Si no asumimos este entorno VUCA y el futuro incierto que no controlamos, seguramente nos pasaremos de desesperanza en desesperanza. 
  2. ¿Cómo tomamos ventaja como persona, organizaciones y país de esto? Contestar esta pregunta tan compleja sería pretencioso y falso, ya que los fenómenos que sucedan serán multicausales y por lo tanto, las respuestas muy diversas.  Eso sí, podemos anticipar que tener una actitud exploradora nos va a ayudar a indagar, abriendo nuevas posibilidades. 

 

Continuando con el punto 2, sabemos que al explorar  el futuro nos ayudará a hacernos más preguntas e instalar nuevas hipótesis. Cuando tengamos un abanico importante de posibilidades podremos contrastar con lo que venimos haciendo como personas, organizaciones y país. Sólo en este momento podremos mirar en qué estamos, para dónde vamos y qué tan lejos estamos de ese futuro deseable que descubrimos. Podremos y nos tendremos que hacer cargo de estas brechas y comenzaremos a trabajar en nuestro proyecto personal, organizacional y también país. Porque mirar hacia el futuro con perspectiva implica introspección, proyección y ser consciente de nuestro entorno.

También, un aspecto interesante sería intentar explorar lo que nos quiere decir el otro, más que buscar soluciones rápidas a lo que enfrentamos como país; contribuir con conversaciones con compromiso y descartar aquellas donde nosotros mismos no nos podemos comprometer; pasar del individualismo a un estado de co-creación y finalmente actualizarnos. Al menos cambiando esta actitud tendremos más opciones de realmente hacernos cargo del futuro que seguirá siendo volátil, incierto, complejo y ambiguo.

Lo interesante del presente contexto es que la complejidad negativa puede aprovecharse para crear una complejidad positiva, es decir, puede nacer una nueva oportunidad que depende de tí, de las empresas, sus directivos y de todos. Y tal como dijo Darwin hace unos cuantos años y que hoy cobra nuevamente importancia:

 

«Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio».

 

Alejandro Inzunza, socio Symnetics