De la teoría a la operación: el giro estratégico del hidrógeno verde en minería

Por Nelson Reta – Consultor Sr. de Excelencia Operacional en Symnetics

Hace un par de semanas, Chile homologó su primer camión minero propulsado por hidrógeno verde. Puede parecer un logro técnico, pero en realidad es una señal política, económica y cultural. Porque cuando la innovación deja de ser discurso y se convierte en práctica, las preguntas cambian. Ya no se trata de si será posible, sino sobre si estamos preparados para rediseñar nuestros modelos operativos y financieros para sostener esa posibilidad en el tiempo.

El hidrógeno verde no es una moda. Es una alternativa real para la descarbonización de sectores difíciles de electrificar, como la gran minería. Y su adopción, aunque aún incipiente, está comenzando a redefinir el horizonte operativo del país.

“Estamos frente a un punto de inflexión”, sostiene Nelson Reta, consultor senior de Symnetics. “El hidrógeno verde dejó de ser una proyección en las presentaciones comerciales y se convirtió en una realidad operacional. Y eso cambia todo. Obliga a las compañías a preguntarse si tienen los sistemas, capacidades y decisiones estratégicas alineadas con un nuevo estándar energético.”

Una estrategia país con potencial global

La Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde y su Plan de Acción 2023–2030, apuntan a que este energético cubra hasta un 24% de la reducción de emisiones de Chile al 2050. No se trata solo de un objetivo ambiental, sino de una apuesta por diversificar la matriz energética, atraer inversión extranjera y consolidar una nueva industria exportadora. Según el último informe ERNC de la Comisión Nacional de Energía, el 68% de la capacidad instalada en Chile ya proviene de fuentes renovables, y el 49% corresponde a energías renovables no convencionales. Con esa base, el hidrógeno verde deja de ser teoría para convertirse en una palanca concreta de transformación.

Minería: la oportunidad está sobre ruedas

Chile tiene más de 1.500 camiones CAEX operando en faenas mineras. Reemplazar diésel por hidrógeno verde no solo reduciría más de 5 toneladas de CO₂ por camión, cada mes: también abriría un nuevo capítulo en eficiencia, reputación legitimidad frente a las comunidades y reguladores. Mover un CAEX requiere cerca de 2.000 kg de hidrógeno al mes. Si ese volumen se produce y distribuye a escala local, el impacto en la economía regional también sería significativo.

“En minería, el cambio no empieza cuando una tecnología es viable, sino cuando la organización está lista para adoptarla”, explica Nelson Reta. “Lo que estamos viendo con este primer camión es que la curva de aprendizaje ya se activó. El desafío ahora es industrializar esa experiencia y escalarla con visión de largo plazo”.

Del símbolo al sistema

La homologación del primer camión es un símbolo. Pero lo importante es el sistema que se active en torno a él: infraestructura de carga, contratos de suministro, modelos de mantenimiento, regulación, incentivos, formación de técnicos y proveedores locales. La transición energética no se juega solo en los equipos, sino en las decisiones estructurales que permiten que esa tecnología escale y perdure.

“Esto no es solo un tema de combustibles alternativos”, afirma. “Es una señal de hacia dónde deben apuntar las inversiones en activos, capacidades organizacionales y relaciones con el ecosistema. Y como toda señal, puede ser aprovechada o ignorada”.

¿Seguir o liderar?

Chile tiene cobre, litio y ahora hidrógeno verde. También tiene capital humano, ventajas naturales y experiencia en transición energética. Pero lo que hoy necesita es decisión. Porque en el nuevo tablero energético-minero, no basta con tener los recursos: hay que tener también la convicción de usarlos estratégicamente. El futuro ya llegó y la pregunta es si seremos protagonistas o seguiremos mirando desde la galería.

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